EL AUTOCUIDADO EMOCIONAL: LA CLAVE PARA SENTIRTE BIEN

el autocuidado emocional

En este artículo, vamos a exponer algunos consejos de autocuidado emocional para gozar de una buena salud afectiva. Si no sabes qué es el autocuidado, te recomendamos que leas este artículo, donde además, encontrarás autocuidados físicos muy valiosos para implementar en tu vida y así lograr una salud 360.

El autocuidado emocional nos permite aliarnos con nuestras emociones en beneficio de nuestra salud y bienestar. Es un modo de tomar las riendas de quiénes somos. Reconocernos, sentirnos, cuidarnos y dedicar tiempo a nuestra mente y emociones. 

Algunas claves del autocuidado emocional esencial son:

  1. Todas tus emociones son necesarias: acéptalas.
  2. Favorece tu bienestar emocional amándote y respetándote. 
  3. Expresa tus emociones y aprende a poner palabras a lo que sientes.
  4. Impulsa tus relaciones sociales y desarrolla tus afectos. 
  5. Escoge tus relaciones, evitando aquellas que no te respeten. 
  6. Mira el mundo con empatía y aprende a comunicar las diferencias.
  7. Desarrolla tus fortalezas emocionales frente a los problemas.
  8. Dedícate tiempo para enriquecerte y aumentar tu autoestima.
  9. Ten una actitud más optimista ante la vida sin dejar de lado el realismo. 
  10. Define siempre tus objetivos vitales a largo plazo y tus metas cotidianas.

El autocuidado emocional: Cómo empezar 

Para empezar a desarrollar las claves del autocuidado emocional nombradas líneas más arriba, es importante prestar atención a cinco puntos que solemos pasar por alto y que son vitales para poder avanzar. Recuerda que se empieza a caminar con un primer paso.  Esperamos que te sean de utilidad. 

Concéntrate en lo que sí puedes controlar 

Una de las razones por las que solemos sentir ansiedad es porque creemos que podemos controlarlo todo. Y no, eso es una fantasía, un propósito irrealizable. El creer que es posible, nos envuelve en una sensación constante de estar perdiendo el control y, por consiguiente, nos frustra y nos desvirtúa de la realidad.

Frente a una situación, observa y valora qué es lo que realmente puedes hacer y lo que no está en tu mano. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer yo para cambiar, mejorar o paliar la situación? ¿En qué aspectos puedo? ¿Qué depende de mí? Es muy útil hacerlo por escrito, dividiéndolo en dos columnas. Todo lo que sí puedas controlar escribe cómo. A veces, en nuestra imaginación es posible, pero al plasmarlo sobre el papel vemos que no es factible. 

Lo importante es ser consciente que, a pesar de todo, controlamos cosas importantes en nuestra vida pero, no todas ellas. Libérate de cargas innecesarias y destina tu energía a todo aquello que sí puedes hacer. 

Descubre qué quieres

La inmediatez, la monotonía y el ritmo actual, provoca que vivamos tan inmersos en las tareas del día a día que nos dificulta diferenciar lo que realmente deseamos de lo que debemos hacer. El deseo del deber. Una línea muy fina que, aunque parezca complicada de identificar, es suficiente con ser más conscientes cada vez que vayamos a hacer algo. 

Aprender a parar, a no dejarse llevar e identificar y diferenciar qué es lo que realmente deseas de lo que te han dicho que debes hacer. Un acto muy simple, pero valioso, es preguntarse antes de efectuar cualquier acción y decirse a uno/a mismo/a: “lo hago porque debo” o “lo hago porque quiero hacerlo”. 

Ámate 

Parece un cliché, pero aunque suene típico, amarnos tal cual somos, es una árdua tarea. Una de las prácticas más complicadas y necesarias. Trabajar por aceptarnos y amarnos tal cual somos es crucial para gozar de una buena salud y estabilidad emocional, porque nos demostramos que podemos dejar de centrarnos en nuestros defectos.

No hay que confundir “aceptarse y amarse” con olvidarnos de nosotros/as y perder la ilusión por mejorar en ciertos aspectos de nuestra vida. Significa, trabajar por obtener un grado de madurez emocional que nos permita identificar aquellas partes que no nos gustan, conocer el por qué (preguntarnos si nos gustan a nosotros/as o si es por algún tipo de presión de tu entorno social y/o cultural) y valorar si realmente podemos cambiarlas. Si podemos, es cuestión de trabajar en ellas para mejorarlas, sin que eso te quite ningún tipo de valía. 

Evita las personas tóxicas

Ya sea porque son amigos/as de la infancia, familiares o por sumar más conocidos/as en nuestras relaciones sociales, a veces, nos rodeamos de personas que no nos hacen bien. Son las personas tóxicas. Esa gente que no nos aporta nada en nuestra vida, pero que de algún modo, llenan nuestros días. Son personas que no han madurado emocionalmente, gente insegura y egoísta que necesitan tener cerca a alguien para establecer una relación en la que descargar sus frustraciones.

Las personas tóxicas no suelen aportar nada positivo, causando en la víctima emociones negativas que derivan en un profundo agotamiento, consumo de energía, estrés y desilusión. El objetivo es que puedas escoger y decidir sobre tu salud emocional y no que se convierta en una tónica el que te la arrebaten. Por esta razón, la recomendación es que evites este tipo de amistades. No confundir con la mala situación puntual que pueda estar viviendo alguien de tu entorno. Para las personas tóxicas, esta actitud frente a la vida es permanente.

Acepta tus emociones, permítete sentir

¿Sabías que cuando reprimimos nuestras emociones podemos llegar a sentir dolor, tanto físico como emocional? Guardar lo que sentimos bajo la alfombra, no es útil, todo lo contrario. Una persona que goza de una buena salud emocional, sabe que las emociones existen en él/ella, se permite sentirlas cuando brotan, las observa, identifica y exterioriza, sin atarse ni dependiendo únicamente de éstas.

En lugar de luchar contra las emociones negativas, por ejemplo, prueba a aceptarlas, pero sin la resignación de que nunca cambiarán. Es decirse a uno/a mismo/a “estoy triste, esto es importante para mí y me preocupa”, sin juzgarnos (porque el juicio acaba por hacernos sentir siempre culpables) y sin luchas agotadoras. Porque todas las emociones son válidas y porque todas ellas nos hacen humanos. Al principio puede parecer un trabajo inasumible y agotador, pero con el tiempo, si te permites sentirlas sin luchar por cambiarlas, las comprenderás, te conocerás cada día más y con el tiempo, comprenderás que cada una tiene su propio curso y tendrás la capacidad de identificarlas.