PROPÓSITOS DEL AÑO ¿PORQUÉ NO LOS LOGRAMOS?

Propósitos del año nuevo

¿Por qué razón no consigo mis propósitos? 

Si hay algo que va vinculado al año nuevo, además del cotillón y las uvas, son los propósitos para el año venidero. Al acercarse las fechas navideñas, comenzamos a echar la vista atrás y hacer valoración del año que acaba. Pensamos en lo que ha sucedido en nuestras vidas y qué queremos para el futuro. Hacer balance del tiempo pasado es un ejercicio interesante para poder tener en cuenta varios aspectos a la hora de planificar. Pero, tras hacer este balance del año que pasa, debemos preguntarnos: ¿Realmente hemos hecho todo aquello que teníamos previsto?

Este es el hándicap. Deberíamos preguntarnos por qué razón o razones, no hemos conseguido hacer eso que siempre nos prometemos. Contestar esta pregunta nos puede parecer decepcionante en el momento, pero a su vez, será nuestro mayor aliado en el futuro. Los seres humanos tenemos una parte inconsciente con la que peleamos a la hora de pasar a la acción y, con los nuevos propósitos, según pasan los días y no los cumplimos, nos desmotivamos y abandonamos.

 

¿Qué debemos tener en cuenta al proponernos nuevos propósitos?

Para empezar, es necesario tener presente que todo requiere de trabajo. Parece evidente, pero no siempre lo tenemos presente. Convivimos con la cultura de la inmediatez, lo queremos todo de forma rápida y que la satisfacción sea instantánea. Este aspecto sumado con el impacto de las redes sociales las cuales, en ocasiones, nos muestran solamente la identidad ideal de una persona, no la real, que nos idealiza que puedes tenerlo todo, sin conocer el esfuerzo que hay detrás, nos puede desvirtuar la realidad.

Como decíamos, todo requiere de trabajo y para ser conscientes, debemos eliminar de nuestra cabeza el espejismo de que sin esfuerzo podemos conseguir una transformación. Únicamente con mencionarlo, no va a suceder. El hecho de decir que vas a aprender un idioma, no produce cambio alguno. Es necesario trabajo, esfuerzo y poner parte de nosotros para conseguir el objetivo deseado: asistir a clase, poner interés, estudiar, hacer exámenes, leer en ese idioma, practicar con otras personas, etc. Podemos tener muchas ganas por lograr un propósito, pero sin capacidad de trabajo no tendremos éxito.

La otra cara de la moneda en este asunto es la sensación de fracaso, decepción, desmotivación y las excusas: «¿Para qué voy a seguir si no veo progresos?«. Entonces es vital preguntarse: ¿He hecho el suficiente trabajo? ¿Realmente deseo este cambio? ¿Estoy dispuesto/a a transformar parte de mí? Querer un cambio implica, como su propia palabra dice, una transformación. Para ello es indispensable practicar, ser constante, implica cuestionarse, replantearse, analizarse y tener paciencia.

 

El progreso hacia conseguir el propósito es sinónimo al esfuerzo

Al iniciar una nueva andadura debemos estar dispuestos a aprender, a tolerar y ser conscientes que somos seres imperfectos y que estamos aprendiendo. A primera vista puede parecer evidente, pero es un punto complicado de asimilar.

Al mismo tiempo, cuando decidimos ponernos en camino hacia nuestro objetivo, todo nuestro alrededor se moviliza, ya que, hay un impacto en nuestras relaciones. Realizamos cambios y, al modificar algo en nosotros, afecta de manera indirecta o directa a nuestro círculo cercano. Puede ser que haya quien no apoye tu decisión y que, por lo tanto, lo desvalorice incluso, nos desanime. Pero es nuestra decisión y, en todo cambio habrán personas que lo avalen, respeten, nos estimulen y hasta que se sumen a ti, pero, puede que otras no. Esto es una consecuencia habitual en cualquier proceso. De forma amable podemos explicar nuestra motivación, pero no podemos contentar a todo el mundo; debemos tenerlo en cuenta.

La importancia de la mente y el lenguaje

Vinculado al punto anterior, las palabras de otras personas nos condicionan. Pero, en muchas ocasiones esto es una excusa para poner fin a lo nuevo que estamos haciendo. ¿Y si en lugar de tomarlo como algo negativo, hacemos que nos impulse?

Desde niños vamos construyéndonos con palabras y creencias que, en muchas ocasiones, nos limitan. Pero, por suerte, se pueden modificar y así construir nuevos significados que nos ayuden. Por ejemplo, imaginad que tenemos vinculada la palabra «frío», entre otras muchas, al resguardo y la inactividad. Nos hemos propuesto entrenar y, justo el día que nos toca hacerlo, hay previsto un temporal de mucho frío. Nuestra mente hará la relación de quedarse en casa y no ir a entrenar porque hace mucho frío. Pero, como ahora tenemos un deseo, un propósito y sabemos que debemos trabajar en ello, vamos a darle una asociación distinta a esta palabra. A partir de ahora, los días fríos serán retos para nuestra constancia.

Nosotros ponemos los límites creyendo que aquello que creemos es la única verdad. Hacer un cambio de chip y generar nuevas creencias, que nos impulsen a lograr nuestros propósitos, es posible si trabajamos para cambiarlas. 

En definitiva, revisar lo que hicimos en el pasado desde un punto de vista analítico, puede ayudarnos, pero debemos recordar que no podemos modificar nada de lo sucedido. Lo relevante es saber qué es lo que nos ha hecho abandonar años anteriores y le demos la vuelta. Lo importante será lo que hagamos en el futuro. Ten presente que los cambios requieren de un tiempo, trabajo y solo se consiguen caminando.