ALIMENTACIÓN INTUITIVA: LA NO-DIETA

Alimentación intuitiva

La alimentación intuitiva es algo que hacemos desde niños/as, pero que, con los años, olvidamos. La causante de que esto ocurra es la nula educación alimentaria y la cultura de la dieta, basadas en prohibiciones, el control excesivo, la percepción errónea y las etiquetas que le damos a los alimentos. Esto nos aleja de nuestra intuición, de la escucha de los mensajes que nos envía nuestro organismo, provocando a largo plazo, una desconexión con nuestro cuerpo, que deriva en una mala relación con la comida, problemas de salud, incluso en trastornos alimenticios. Porque los trastornos no sólo son los TCA como la anorexia y la bulimia, también lo son vivir eternamente saltando de dieta en dieta.

Dicho esto, aclaremos algo primordial: La alimentación intuitiva no es una dieta. Es comer intuitivamente, de acuerdo con las propias necesidades físicas y psicológicas de cada individuo, escuchando y atendiendo los signos de hambre, placer, plenitud y satisfacción. Sintiendo por uno/a mismo/a qué alimentos nutren, sientan bien y nos llenan de energía, bienestar físico y mental para poder vivir plenamente. Llevarla a cabo no es algo que se consiga de un día para otro, es un proceso en el cual se debe aprender a ser compasivo/a contigo mismo/a, dándote el tiempo que necesites, atendiendo a todos los principios que te explicamos a continuación.

Principios de una alimentación intuitiva

Aléjate de la mentalidad de las dietas

No existe dieta que consiga milagros, ni que se pueda mantener en el tiempo. Tampoco existen alimentos con superpoderes. Y, aunque parezca muy evidente, es algo que les cuesta mucho asumir a las personas que viven inmersas en la mentalidad de la dieta. Estas personas que han realizado varias dietas a lo largo de su vida y que han bajado de peso durante un tiempo determinado, aunque luego lo hayan vuelto a recuperar y vean que no es eficaz, creen que aparecerá otro régimen mejor que les hará perder peso rápidamente.

Esto crea frustración y sentimiento de culpa porque, al recuperar el peso, creen que han hecho algo mal. La realidad es que no es culpa de la persona que la sigue, porque la dieta en sí no se sostiene y porque vivir eternamente alimentándose de ese modo no es realista ni saludable. Por esta razón, uno de los pilares de la alimentación intuitiva es romper las cadenas de las dietas, alejarnos del control de las básculas y alimentarnos de manera consciente a lo largo de nuestra vida.

Identifica las señales de hambre

Este punto puede resultar complicado al principio, hasta saber identificar cuándo tenemos hambre real, pero se trata de escuchar las señales que nos da nuestro cuerpo para alimentarlo cuando necesita y aprender a saber parar cuando ya se ha comido lo suficiente. Con las dietas estrictas, el cuerpo pasa hambre y existe una lucha interna por ignorar esta necesidad que sentimos. Esto no sólo nos provoca malestar, si no que además provoca que nos atraquemos de comida la próxima vez que comamos, porque no nos hemos saciado cuando tocaba. Y, se acaba por ingerir más, con ansiedad y quizá, con alimentos menos saludables.

La alimentación intuitiva se trata de aprender a comer cuando notamos el hambre, ofreciéndole al cuerpo la confianza de que puede estar alimentado cuando lo precisa, eliminando las prohibiciones y dejando de comer cuando ya es suficiente.

Haz las paces con la comida

Uno de los principales problemas de las dietas es que nos hacen creer que hay alimentos que son “malos” y que debemos tenerlos como enemigos, lo cual provoca una reacción psicológica contradictoria: que los deseemos aún con más ganas; porque al existir la prohibición, se establecen deseos que posiblemente no existirían sin dicha prohibición. Por otro lado, nos genera un fuerte sentimiento de culpa cuando los ingerimos. La alimentación intuitiva expulsa a la “policía de la comida” de tu mente, rechazando los pensamientos negativos o positivos relacionados con ciertas comidas.

El fin es acabar con ese juez interno que te hace sentir mal cuando comes un tipo de alimentos y que te aplaude cuando ingieres aquellos que consideras buenos. En este punto, no nos referimos a que comas toda la comida que quieras. Recuerda que se trata de escucharte y reconocer las necesidades. El cuerpo es inteligente y sabe lo que necesita, por eso, si te atiborras con comida que no te sienta bien, sabrás que comer de ese modo no es adecuado porque te quita la energía, te hace sentir peor y te provoca un cambio en el estado de ánimo.

Identifica las señales de saciedad

La alimentación intuitiva se trata de encontrar el punto medio entre el apetito voraz y el sentirte “a reventar”. Las dietas provocan que vivamos constantemente de un lado a otro, entre el hambre y la sensación de hinchazón y/o hartazgo. Además, dan por hecho que todo el mundo debe tener suficiente con una determinada cantidad y tipo de comida, cuando cada persona es distinta y cada una tiene sus propias necesidades. Generalizar en la comida, es un grave error porque hace que nos quedemos con hambre o que comamos más de lo que realmente necesitamos. El cuerpo da señales cuando tiene apetito y cuando está lleno. Prestar atención a estas sensaciones es otro de los puntos vitales de la alimentación intuitiva.

Ten presente la satisfacción

Alimentarse es una necesidad primaria del ser humano, pero no sólo lo hacemos para saciarnos. Comer es una experiencia gustativa que provoca placer y satisfacción. Cuando disfrutamos de nuestros platos, degustamos cada bocado con atención. Comer de manera plena es una forma de hacer las paces con este acto. Reconocer que no es una obligación o un momento de angustia, sino que es un tiempo para deleitarse y disfrutar. La alimentación consciente te invita a interesarte por los colores, las texturas, los sabores, el olor, la temperatura y la estética de los platos. Acompáñalo de un ambiente relajado, sin distracciones, que te permita estar 100% presente.

Respeta tu cuerpo

Normalmente las dietas, exceptuando aquellas puntuales por problemas de salud, van acompañadas de un rechazo al cuerpo: “Como no me gusta mi cuerpo, voy a hacer dieta para cambiarlo”. Esta actitud no es positiva, ni parte del amor; todo lo contrario, es negativa y destructiva. De hecho, nos hace llevar a la práctica actos que aún nos hacen más daño como pasar hambre, tener pensamientos perjudiciales para la autoestima o culpable, cuando te saltas la dieta. Para sentirte bien contigo mismo/a, debes respetar tu cuerpo. El primer paso es aceptar que todas las personas somos distintas y que no existe una forma única de belleza. Que la única manera de cuidarnos y aceptarnos es partir de un sentimiento de amor y que, nunca, se conseguirá la satisfacción desde el auto-rechazo. Reconocerse, aceptarse, quererse cuidarse desde el afecto, el respeto y conectar con la propia intuición, son la esencia de una autoestima estable.

Atiende a tus sentimientos sin usar la comida

¿Es hambre real o es emocional? Seguro que te ocurre o conoces a alguien que, cuando está nervioso/a, siente la necesidad de comer o, por el contrario, se le anula el apetito. Los sentimientos nos generan la necesidad de afecto y, a nivel psicológico, sentimos cómo los alimentos son capaces de producir sensaciones muy similares. Por eso comemos por tristeza, frustración, soledad o aburrimiento, porque el azúcar, por ejemplo, hace que se libere dopamina y que nos haga feliz a corto plazo. Pero, esa falsa sensación de felicidad ni dura mucho tiempo, ni es una solución para satisfacer el estado emocional y, por si fuera poco, nos puede sentar mal. La alimentación intuitiva se basa en saber diferenciar la verdadera hambre fisiológica de la emocional y buscar manera de consolar, nutrir, atender y resolver los problemas sin usar los alimentos.  La comida no es ni un premio ni un castigo.

Muévete

Otra de las relaciones mentales erróneas que provocan las dietas, es que el deporte se hace para quemar calorías o conseguir el cuerpo que la publicidad dice que debes tener. El deporte está hecho para cuidar de la salud, para sentirse bien, generar resistencia, cuidar la mente y ganar energía, entre otros beneficios. La alimentación intuitiva te invita a cambiar la relación con la comida, pero también con el ejercicio físico. Obligarse, no tiene éxito a largo plazo, por eso es elemental encontrarle el gusto y divertirse para motivarse. Empieza poco a poco y verás con el tiempo que moverte te hace sentir bien y, eso, te cambiará el concepto del deporte. Si te fijas bien, la actividad física siempre está presente en todas las listas relacionadas con la salud. El movimiento es importantísimo, independientemente de la edad. 

Tu salud es lo más importante

El último punto que engloba todos los anteriores, es que por encima de todo está tu salud. Elige aquellos alimentos que le vayan bien a tu cuerpo y tu mente. Porque confiar en la intuición, no va reñido a no cuidarse, no interesarse por la nutrición o comer de forma insana. O a no interesarte por los alimentos que  te nutren, aquellos que tu organismo necesita y reconocer los que no te aportan nada. Un ejemplo sería que, si comes y al poco tiempo tienes hambre, el cuerpo te estaría indicando que estás consumiendo alimentos de rápida absorción y pocos nutrientes y/o fibra. La comida debe ser un bien para ti, que te haga sentir con vitalidad y que no te haga enfermar. Se trata de ir poco a poco, con conciencia y tener presente que la perfección no existe.